Ex Machina: Pienso, luego existo.


mayo 28, 2015

En una época en la que el género de ciencia ficción se suele asociar con efectos especiales deslumbrantes, súper héroes, acción trepidante y más forma que sustancia; Alex Garland nos presenta, con su debut cinematográfico, una cinta que nos invita a recordar que la buena ciencia ficción es aquella que nos hace cuestionar la sociedad ó en este caso, la humanidad misma.

Ex Machina nos presenta la historia de Caleb (Domhnall Gleeson), un programador experto que ha sido elegido para pasar una semana en la casa/laboratorio del excéntrico genio Nathan (Oscar Isaac) para administrar una versión del Test de Turing en su más reciente creación, un robot capaz de pensar, una inteligencia artificial llamada Ava (Alicia Vikander). Junto a la sirvienta de Nathan: Kyoko (Sonoya Mizuno) estos 4 personajes son la espina dorsal de una historia en la que la tecnología no es más que una excusa para exponer una narrativa que le obliga al espectador a cuestionar la moralidad de los protagonistas al tiempo que pone sobre la mesa la suya propia.

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La acción ocurre casi en su totalidad en un solo escenario, estéril y claustrofóbico, de manera que uno se siente atrapado con los personajes y esto le lleva a relacionarse de forma íntima con sus inseguridades, dudas y ante todo, sus defectos. Ex Machina es un estudio de carácter, un paseo por todo aquello que es deplorable pero inevitable del hecho de ser humano: la misoginia y egocentrismo de Nathan, la autocompasión y la lujuria de Caleb.

No es gratuito que Nathan haya diseñado a Ava para que sea una bella mujer en su adolescencia tardía, la película no esquiva el hecho de que el científico tiene una visión distorsionada de la mujer, viciada por los medios de comunicación; tampoco evita mostrar el abuso hacía lo que en últimas es la quintaesencia de hacer objeto al cuerpo femenino: una robot con forma de mujer. Los hombres en la cinta o utilizan a Ava, o la desean. La protagonista es, en un principio, la encarnación del tropo de “la damisela en peligro”, pero por suerte esta es una cinta demasiado inteligente como para caer en clichés e incluso este hecho es un medio para desarrollar una narrativa impecable que está lejos de decepcionar, Ava ha visto revistas de moda, entiende que la imagen de femineidad de la sociedad es un constructo y sabe como usar esa información a su favor.

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Todo esto adorna a un thriller de primera, con giros constantes obligando al espectador a preguntarse en este complejo juego quien es el objeto de la prueba y quien la aplica. Los mejores momentos, esos que construyen una tensión palpable, ocurren durante las conversaciones. El guión (escrito también por Garland) es impecable, es perfectamente consciente de la velocidad con la que se mueve, nunca intenta ser pretensioso y sin embargo está plagado de referencias a filosofía, arte, tecnología, cultura popular. Sin entrar en detalles, la escena final de la película es una referencia preciosa a la alegoría de la caverna, de Platón y sirve como un cierre perfecto para una historia satisfactoria.

Los efectos especiales son impresionantes, nunca se siente el artefacto sino que el cuerpo de Ava parece tan real que uno puede imaginar que en algún lugar ya debe existir. El mundo que ha creado el director es fantástico, pero factible; en palabras de Alex Garland:

La película se sitúa en un tiempo muy cercano… como 10 minutos en el futuro. Es decir, si alguna empresa como Google o Apple anunciara mañana que han construído a Ava, seguramente nos sorprendería, pero no demasiado.

Dado que la cinta cuenta con un reparto tan limitado hay una gran responsabilidad en los actores que sin duda logran su cometido de sobra. Oscar Isaac logra un Nathan que es demasiado inteligente como para estar a gusto entre la gente del común y al mismo tiempo esclavo de sus vicios y su ego. Domhnall Gleeson, como Caleb, es un hombre pequeño que lleva toda la vida intentando convencerse de que es depositario de un destino superior pero que termina siendo víctima de sus deseos y Alicia Vikander es perfecta como Ava, alejándose de la actuación acartonada que es un cliché a la hora de interpretar un robot y logrando un personaje inocente y calculador al mismo tiempo.

En conclusión

Ex Machina es una película provocadora y brillante sin ser densa. Está hermosamente dirigida, magistralmente actuada y narrada con una precisión de relojería. Cerca del final llega a una conclusión que contada puede parecer predecible, pero que en la cinta se siente inevitable. Es una historia con tantas capas que un solo visionado es insuficiente y que al final obliga al espectador a preguntarse si en realidad es el hecho de ser capaz de pensar lo que hace humano al humano, o si más bien será la capacidad de usar esa capacidad para cumplir sus deseos a como de lugar, incluso por encima de los demás.

 

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