La Cacería: aprendiendo algunas lecciones de odio


agosto 12, 2013

De verdad que con The Hunt se aprende a despreciar a las personas y en especial a los niños, esos pequeños engendros luciferinos, amorales y sin consciencia que son capaces de hacer tanto daño como cualquier adulto. Eso le suma diez puntos a la cinta, en cuanto a lo demás, hay que decir que es un caudal de talentos. De lo mejor que ha pisado la cartelera nacional en las últimas semanas.

La Cacería es una película danesa del año 2012 dirigida por Thomas Vinterberg, famoso por ser uno de los creadores (junto a Lars Von Trier) de Dogma95, ese radical movimiento de vanguardia fílmica de los años noventa. Su protagonista es Mads Mikkelsen, actor bastante conocido en el cine norteamericano y quién hace parte de ese puñado de artistas que caminan sobre el borde que separa las grandes producciones de las más humildes. De aquellos que saben cuando lo hacen por dinero y cuando lo hacen por pasión.

La historia se desarrolla en una pequeña comunidad danesa que muestra ese común denominador de todas las sociedades (desde el pueblito más pequeño del Putumayo hasta el interior de Groenlandia): las mentiras, la desconfianza, el rencor, el odio y la unión social en pro de una causa, que generalmente es mala, pues la gente casi nunca se une para construir sino solo para destruir,  la colaboración es común cuando existe peligro al acecho. El asunto es que nos encontramos frente a todo lo que hace que los humanos seamos seres llenos de defectos, ya Jonathan Swift lo evidencio hace casi trescientos años con “Los Viajes de Gulliver”; la verdad, estamos jodidos con nosotros mismos.

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Y para completar, están como lo dije al principio, esas criaturas salidas del averno llamadas niños. Alguna vez oí o leí, la verdad no recuerdo, que lo más parecido a una mente criminal era la mente de un niño, y pensándolo bien tiene algo de cierto, los niños son crueles y malvados, todos dicen mentiras y siempre están metidos en problemas, eso abarca incluso a los más juiciosos. Muchas de las diabluras de los pequeños se camuflan bajo la ingenuidad de la infancia, pero igual siguen siendo actos llenos de maldad.

En resumen, la octava película de Vinterberg es majestuosa, un escarmiento social que llega a todos los rincones del planeta y hace que nos veamos en un espejo. Una lección acerca de las mentiras, la unión y la inocencia.

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