Lo sutil de la furia en La Noche del Cazador


junio 13, 2013

Un asesino de manos tatuadas que viste de clérigo y dispuesto a matar dos niños por dinero, sería el paisaje perfecto para una película que a manos de maestros del género como Scorsese o De Palma, tendría batazos y una que otra nariz rota. Pero La Noche del Cazador, sin el uso de la sangre y ninguna fractura, es un ejemplo de lo agresiva que puede ser una historia sin violencia visual.

Con un majestuoso uso del blanco y negro (escenas donde las siluetas y las sombras son aprovechadas al máximo para transmitir tensión) La Noche del Cazador es un relato que si se observa detenidamente es un eterno terror para sus protagonistas. Y que probablemente debido a la época, tiene un tratamiento muy estilizado, en un Hollywood donde aún Tarzán siendo un hombre de la selva, tenía el cabello corto y muy bien peinado, como cualquier ejecutivo de Wall Street.

The Night of the Hunter 2

Lo fuerte de esta cinta radica en lo que nos cuenta, y en las connotaciones psicológicas de primero: un personaje como el reverendo Harry Powell, que si lo medimos bajo un índice de maldad no tendría nada que envidiarle a un Hannibal Lecter o a un Max Cady. Y segundo, en la desventura de dos niños, que tras presenciar la traumática muerte de su padre, están huyendo para salvar sus vidas.

Es probable que hoy en día, cuando esa barrera de elegancia cinematográfica ya no existe y es común ver golpes y sangre, La Noche del Cazador no sea tan impactante. Pero aun así podríamos dar una mirada al pasado, e intentar entender porque fue una película que tuvo inconvenientes en su momento.

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