Napoleón Dinamita


Noviembre 4, 2013

El boom de películas Indie de finales de los noventa apoyado en gran parte por el Festival de Cine de Sundance dio la oportunidad a multitud de directores jóvenes de mostrar sus visiones particulares. En esta coyuntura nace la primera película de Jared HessNapoleón Dinamita (Napoleon Dynamite, 2004) una comedia con notables influencias del trabajo de Wes Anderson (Moonrise Kingdom, 2012) que  falla a la hora de encontrar su corazón.

La película nos cuenta la vida de Napoleón (Jon Heder), un chico socialmente inadaptado, casi autista, que es frecuentemente abusado en la escuela secundaria del pequeño pueblo Preston, Idaho. Napoleón vive con su igualmente extraño hermano Kip (Aaron Ruell) y su abuela (Sandy Martin), una mujer que disfruta de conducir su buggy por las dunas del desierto.

Napoleón es un personaje alto, desgarbado, solitario, depresivo, con una llama como mascota y atrapado en la moda de los ochentas, esto lo aísla de la mayoría de sus compañeros pero lo acerca a las dos únicas personas que  toleran su excentricidad: Deb (Tina Majorino) y Pedro (Efren Ramirez) que eventualmente se lanzará para presidente de la secundaria ofreciéndonos el hilo conductor de la cinta.

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Acompañando a los protagonistas está el tío Rico (Jon Gries), que logra el personaje más interesante de la película. Un hombre que lo perdió todo en el pasado y quedó atrapado en la nostalgia de la vida que nunca tuvo. Por desgracia ni siquiera Rico logra un arco consistente, al final, como casi todos los personajes termina como empezó.

El director y escritor Jared Hess ha basado la cinta en sus experiencias de infancia y ese amor por las imágenes de su nostalgia hace que estas mismas le sean esquivas a algunos espectadores. Son tan personales que la mayor parte del tiempo uno se siente apreciando un chiste interno del que no hace parte. La película termina siendo una serie de secuencias que se supone que deben ser graciosas pero que terminan siendo, en algunos momentos, incómodas. Napoleón es un personaje difícil de apropiar por lo que algunos escenarios producen lástima, en vez de risa.

Sin embargo Napoleón Dinamita tiene todo lo que le ha de gustar a los fanáticos del cine indie norteamericano, copiando casi al pie de la letra algunos de los tropos de Wes Anderson, la película logra crear un ambiente que es a la vez mágico y nostálgico (esto último un poco forzado con detalles como el de la máquina del tiempo apuntada a 1982, año con el que está obsesionado el tío Rico). La música minimalista, los primeros planos de objetos, el omnipresente sonido de ambiente silvestre, la cámara estática, hasta el uso de tipografía; todos son elementos que se usan con juicio casi académico, como si el director estuviese viendo Los Excéntricos Tenenbaum durante la filmación.

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El protagonista en si mismo alude a la tradición del underdog norteamericana y es por esto que se ha convertido en una cinta de culto en Estados Unidos, dónde muchos se han sentido alguna vez como Napoleón. Es el mismo principio de Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) dónde el personaje simple logra cosas extraordinarias, excepto que aquí incluso el gran momento del protagonista es una demostración pública en la que hace el ridículo.

Y sin embargo, hace reír. No son muchos los momentos que lograron robarme una risa pero si hay escenas lo suficientemente divertidas como para quedarse con el espectador, incluso para pasar a hacer parte de la cultura popular en forma de meme. La mayoría de estos momentos nacen de la personalidad incompetente de Napoleón (para resaltar el dibujo que nuestro héroe la hace a Trisha). El humor es situacional de manera que hay que entrar en el ambiente de la cinta para disfrutarlo realmente.

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En Conclusión

Napoleón Dinamita es una película sencilla, con ese aire hispter que la hace irresistible para los amantes del cine indie, pero que como comedia es apenas suficiente. Los momentos divertidos le resultarán insulsos a muchos y en esta medida siento que es una cinta para la cual es necesario adquirir el gusto. Mentiría si no dijera que la disfruté, de hecho me hizo sonreír varias veces, pero es una película que solo se queda con el espectador en forma de escenas particulares. Si usted es amante del cine independiente de bajo presupuesto norteamericano podría disfrutarla, por desgracia la carrera de  Jared Hess no ha sido muy afortunada (su siguiente película fue Nacho Libre, 2006) lo cual habla mejor que yo de su calidad como narrador. No es una película mala, solo es una película tan estrafalaria como su protagonista.

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