Sparks, el cinco exacto


Agosto 17, 2014

Sparks es una cinta de contradicciones, a primer vistazo sus bajos valores de producción, dirección inocente y actuaciones de obra de teatro escolar podrían indicar que esta es una cinta pésima; sin embargo hay algo atractivo en esta historia, basada en un cómic creado y editado por los mismos creadores de la película, que casi lo pone a uno a cuestionarse que hace buena a una película.

Empecemos por lo bueno. La historia nos sitúa en la Norteamérica de los años 40 y usando una narrativa estilo noir nos cuenta la vida de Ian Sparks (Chase Williamson), un héroe sin poderes, en la línea de Los Vigilantes (Watchmen, 2009) que decide viajar a la gran ciudad a enfrentar el crimen haciendo pareja con Lady Heavenly (Ashley Bell). La narración tiene todos los elementos tanto del cine negro como del género de super héroes: historias de origen, voz en off, femme fatale, villanos interesantes, traiciones.

La historia está basada en la novela gráfica homónima, escrita por Christopher Folino quien también es dueño de la editorial que publica el cómic (Catastrophic Comics), escribió el guión de la película y la co-dirige (¿notan un patrón aquí?). Este es un producto de la pasión de Folino por su creación y eso es admirable pues se nota el amor que le tiene a su historia: el arco del protagonista es convincente, la mitología es interesante, los personajes son complejos y ambiguos y sin embargo todo está hecho con la ingenuidad de alguien que no solo debuta como director y escritor de películas, sino que tiene los ojos puestos en la imagen idealizada de su producto finalizado y no en el proceso.

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Los valores de producción son mínimos, esto significa que hay multitud de factores que distraen, los efectos especiales son realmente malos, el diseño de vestuario y de sets está ejecutado de manera que la película resulta anacrónica. Es dificil entender la era en la que ocurre pero no porque el director quisiera crear la ilusión de un lugar atemporal (como en las Batman de Tim Burton) sino porque falta coherencia, algunos flashbacks parecen ocurrir en la misma era que en la historia (o quizá en el futuro si uno le presta atención a los detalles), la ropa de los personajes varía entre los trajes de época e indumentarias modernas, algunas tomas de establecimiento son generadas por computadora (que lucen suficientemente convincentes) y otras son en acción real (que lucen modernas).

Esta inconsistencia en la dirección de fotografía y efectos especiales es demasiado notable y es una lástima. Algunas escenas tienen una estética similar a Sin City (Frank Miller, Robert Rodriguez, 2005) pero son seguidas por otras en las que apenas se ha desaturado el color de la imagen o simplemente no se han retocado. Con frecuencia se nota también la falta de trabajo en los sets, evidencia del poco tiempo de producción de esta cinta; en un punto los protagonistas conducen un camión y uno puede leer vagamente los logos que tenía el camión por debajo de la pintura que pretende taparlos. En otro punto uno de los villanos es arrojado hacía un muro que se tambalea demostrando ser de cartón al mejor estilo de las películas de Ed Wood.

Pero tampoco se trata únicamente de un problema de presupuesto, grandes cintas han sido logradas con cantidades limitadas de dinero (Rocky, Mad Max, Actividad Paranormal) es un problema de ingenuidad. Esta es la primera película de los dos directores (debido a la agenda estrecha, el equipo se dividió en dos, cada unidad trabajó de forma independiente) Folino y  Todd Burrows, el primero de hecho afirmó en una entrevista que les resultó muy difícil afrontar el reto de filmar la película en orden no cronológico… a pesar de que todas las películas se filman así desde hace décadas. Los planos son simples, muchos armados como en una obra de teatro, sin movimiento, sin intención.

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Las actuaciones también son regulares, algunos actores son buenos pero se nota que no fueron bien dirigidos, unos sobreactuan, otros lo hacen bien (Clancy Brown como Archer) pero rodeados de personajes mal desarrollados se sienten fuera de lugar. Y los diálogos están llenos de clichés (“Síganme si quieren vivir”) y escritura perezosa (uno de los romances nace en una mirada y la línea: “eres muy dulce” seguido de una escena de sexo). ¡Ah! y no puedo evitar aquí mencionar la audacia del escritor al nombrar a un joven camarógrafo, que aparece en un par de escenas, Orson.

La edición de audio también es regular, especialmente las líneas del villano final durante el clímax de la película. Pero ya queda claro que la cinta tiene sus problemas. Es inevitable pensar que en manos más competentes la historia de Sparks podría haber resultado en una película buena, quizá en una franquicia. Tiene una perspectiva que mezcla tropos de muchos géneros (incluyendo el terror) de forma fresca. Pero a esta reseña le compete la película que fue, no la que pudo ser.

En conclusión

Sparks tiene en el fondo una historia interesante, narrada de una forma original. Por desgracia el bajo presupuesto, una dirección ingenua, la ausencia casi absoluta de dirección de arte (el equipo de efectos especiales estaba compuesto por dos personas) y unas actuaciones regulares no la dejan brillar. Esta ambigüedad la pone en un triángulo de las bermudas en el que no logra ser una película buena por méritos propios, pero tampoco un nanar, una película tan mala que es buena (como The Room). Tristemente Sparks solo puede ser catalogada como mediocre, un cinco sobre diez y está condenada a la oscuridad y el olvido.

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