Tragedia en su dosis perfecta con la vida de los otros


Junio 29, 2013

El chisme, los amoríos, la traición y el poder son los ingredientes de las novelas mexicanas con las que muchos crecimos. Afortunadamente tanto drama en una sola dosis, no solo se presenta en la televisión latina ni tan poco de forma tan mala como en Televisa.  Pues eventualmente aparece algún talentoso director que sabe usar la medida correcta, entre ese limbo en el que no lloramos, pero si nos sentimos lo suficientemente mal como para llorar. En este caso, debemos darle las gracias al señor Florian Henckel von Donnersmarck y la que fue su opera prima: Das Leben der Anderen (La vida de los otros).

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El panorama político (y ojo no hay nazismo) se entreteje de manera perfecta con la vida íntima de las personas en una Alemania llena de paranoia. Y es más que evidente en el capitán Wiesler. A quién uno no puede evitar comparar con Winston Smith (entre otros con el mismo espíritu), protagonista de la muy conocida 1984 de George Orwell: Ambos trabajan para un partido del que son fieles creyentes, y que terminan abandonando por razones que nosotros también lo haríamos. De rostro frío e inexpresivo, no se sabe que esperar de un hombre como este oficial de Stasi. Es más, no se sabe si es un ser humano, claro no lo digo porque sea algún engendro, sino por su aparente falta de “humanidad”.

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Y como siempre, el detonante, una mujer encantadora: Christa-Maria. Personaje epicentro del drama, es destacada de manera seductora con un par de planos al inicio de la cinta, y con lo que se entiende porque tanto lio por esta señora. En momentos uno la  ama y en otros uno la odia, tal cual como cuando se está enamorado. Ese es su encanto, y con lo que finalmente no se sabe ni que sentir después de tanto revolcón emocional.

Lo que se aprende con las buenas películas para la vida no nos lo enseña Deepak Chopra ni Coelho en ningún libro, afortunadamente en el cine esa sacada sentimental de tripas es gratuita y dura por mucho tiempo.

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